jueves, 19 de marzo de 2020

Jueves, 19 de marzo de 2020

Hoy es el Día del Padre. No necesito una pandemia para acordarme del mío y quererlo, pero si es cierto que lo pienso más debido a estas circunstancias que nos ha tocado vivir a todos.

Mi padre siempre ha sido un poco "personaje", todo el que lo conoce sabe a que me refiero. Su capacidad para rebautizar cosas y situaciones con nombres o frases inverosímiles es pasmosa, por ejemplo. Deberían de contratarle para nombrar operaciones policiales secretas, cometas, asteroides y fenómenos meteorológicos, no se arrepentirían.

Es de las personas más currantes que he conocido nunca, pesimista, irónico y arisco, es un padrazo aunque esquive las muestras grandilocuentes de cariño y efusividad. También es un abuelazo, sus mayores fans son mis hijos.

A todo esto hay que agregarle la gran suerte que tiene, al estar rodeado de una mujer que vale un Potosí e hijas (insertar aquí tres o cuatro guiños).

Un beso grande de los que no podemos darnos ahora, pero que te llegarán igual si lees esto.

Fuente: Youtube.

P.D.: Hoy mis minis ayudantes hicieron en cocina unas campurrianas caseras de chocolate y naranja, con lo que había de fondo de armario. Pero la receta original es de Webosfritos. Como veréis, el resultado ha sido completamente diferente. Pero fue la inspiración, digamos.

CAMPURRIANAS CASERAS DE CHOCOLATE Y NARANJA (O TAMBIÉN LLAMADAS GALLETONES)

Ingredientes:
- 150 gr de azúcar moreno.
- 40 gr de aceite de oliva suave.
- 1 pizca de sal.
- 1 huevo grande.
- 170 de harina de trigo.
- 1 cucharadita de levadura tipo Royal.
- Ralladura de naranja al gusto.
- Tres onzas de chocolate para fundir.

Elaboración:

Agregar en un bol el azúcar y el aceite y mezclar con una espátula. Añadir el huevo y repetir acción. Después tamizar la harina, la pizca de sal, la ralladura de naranja y la cucharadita de levadura. Mezclar bien durante un buen rato. Agregar el chocolate en trocitos o en el formato que se desee.

Hacer una bola con la masa y envolver en plástico transparente. Dejar reposar al menos 15 minutos en el frigorífico.

Preparar una bandeja de horno con papel de horno y precalentarlo con calor arriba y abajo unos 180 grados.

Pasados al menos esos 15 minutos, hacer bolas del tamaño que se desee, eso sí, tened en cuenta que debe haber espacio entre ellas.



Hornear unos 13-14 minutos. Deben quedar crujientes por fuera, y un poco blandas por dentro, hay que tener cuidado con los tiempos, si te pasas, se quedarán muy duras. Ir introduciendo un palito casi al final para comprobar la consistencia.






miércoles, 18 de marzo de 2020

Miércoles, 18 de Marzo de 2020

He preferido esta vez poner el día también, porque pensaba que hoy era martes.

Espero que no llueva y los niños puedan salir al patio a orearse. He sido incapaz de retomar lecturas, pese a que lo he intentado cada noche, pero lo que me preocupa en algo más de proporción es el absurdo humano. Que los supermercados estén arrasados cuando el abuelo P y muchos como él, sino dan baja por el dichoso virus lo harán de cansancio, hacen que el flujo de suministros sea imparable y constante, no tiene ninguna explicación lógica en mi cabeza. El personal debe de tener despensas y frigoríficos del tamaño de una pirámide egipcia, con sus zonas comunes incluidas. He maldecido alto en mi cabeza, debo reconocerlo.

Unas tres o cuatro veces a lo largo del día, se escuchan desde casa las sirenas de las ambulancias, que circulan casi todas por la calle principal o aledaños. No hay tráfico, pero supongo que será ya mezcla de costumbre y recordatorio de lo que sucede ahí fuera, que esto no es un simulacro.

Hoy Petete y yo hemos terminado el regalo para el Día del Padre que es mañana. La Pequeña Señora también ha hecho su propio DIY.

P.D.: La entrada de ayer la acabo de editar con la receta del bizcocho de yogur y limón.




martes, 17 de marzo de 2020

17 de marzo de 2020


He tenido que pensar un rato la fecha. Creímos que no nos tocaría. Los días empiezan a mostrar poco a poco la magnitud de lo que se avecina, y el horizonte no es optimista.

Cada mañana intentamos seguir cierta rutina: levantarnos a la misma hora, vestirnos, dar los buenos días con una sonrisa a los niños (bendita y maravillosa capacidad de adaptación la que tienen estos pequeños duendes); planificar el menú diario, que nuevo rincón de la casa limpiaré con lejía y a quien llamar hoy. Nunca estuvimos tan cerca y tan lejos de los que queremos.

Dicen que la vida sigue siempre pese a los obstáculos. La vida en este caso es una suerte de lotería. Pero sí, pese a nosotros mismos, me temo que sigue aunque un poco irreal, para ser sinceros.

Aun tengo la sensación de que la gente no se toma en serio las palabras emergencia sanitaria y pandemia.

En esta carrera de fondo habrá tiempo para todo: retractarse, llorar, reír, amar (¿cómo se puede amar sin tocar? Los Mediterráneos no sabemos amar sin el tacto); añorar, perder la cordura, recuperarla, desesperarse, serenarse y mirar al cielo, coger aire, cerrar los ojos. Será un gesto reflejo para tomar impulso, creyendo erróneamente que despertaremos, que esto no es real.

Ayer hicimos Petete y yo un bizcocho de yogur y limones del jardín de los abuelos. Sabe a familia y hogar.

P.D.: También la batería de mi móvil decidió dejar de funcionar, ni ella soporta ya tanta intensidad. Veremos si podemos recuperarla.




BIZCOCHO AL YOGUR CON GLASEADO DE LIMÓN

Ingredientes:
- 1 yogur.
- 1 medida (con el envase del yogur) de aceite de olive virgen suave.
- 1 medida de azúcar.
- 3 medidas de harina de trigo.
- 1 sobre (16 gr.) de levadura en polvo tipo Royal.
- Ralladura de 1 limón.
- Zumo de 2 limones.
- 200 gr. de azúcar glas.

Elaboración:

Precalentar el horno con calor arriba y abajo a 180 grados. Coger un bol y agregar el yogur, los huevos y el azúcar y batir. Agregar después la levadura batir, la harina tamizada y volver a batir, y por último el aceite, y repetirlo. Por último, agregar al gusto y mezclar bien la ralladura de limón.

Cuando quede una masa homogénea, agregarla a un molde con papel de horno o engrasado. Horrnear unos 30-35 minutos dependiendo del horno. Cuando está casi, siempre lo dejo 5 minutos aproximadamente con el horno apagado y terminando de hacerse con el calor residual.

Mientras se hornea el bizcocho, hacer el zumo de limón e ir agregándolo al azúcar glas, para ir regulando la consistencia e intensidad. Reservar.

Con el bizcocho sacado del horno y algo más templado, hacer agujeritos con un palito o con lo que tengas a mano. Agregar el glaseado al gusto. A nosotros nos salió algo liquido y añadí solo un poco, lo justo para que quedara un bizcocho semi húmedo.

Si se desea y como presentación agregar azúcar glas por encima cuando haya enfriado un poco más para que el bizcocho no se lo "chupe".

A disfrutarlo.


jueves, 8 de marzo de 2018

Un 8 de marzo de 2018


Cuando presencio o soy objeto de repetidas injusticias y actitudes nocivas, casi siempre acabo recurriendo a la escritura, como una vía de escape y de desahogo. Va impreso en mi ADN. Y sí, voy a contar un poco mi vida, pero en este relato es necesario contar este pedazo de ella. Blog personal se llama.

8 de marzo de 2018, 8:23 horas de las mañana, llego ocho minutos tarde a mi cita con la matrona de mi segundo hijo o hija, aún es pronto para saberlo. Fuera llueve y he pasado una noche como viene siendo habitual: despertares infantiles nocturnos, sueños interrumpidos cada poco tiempo, vejiga que aguanta poco, episodios noctámbulos… 5 horas en total de sueño, más que la media de estas últimas semanas. Toco a la puerta y pido disculpas un par de veces por el retraso. Dejo paraguas, abrigo y bufanda y me dispongo a iniciar los trámites de mi tercer embarazo por la seguridad social.

Me atienden dos mujeres, una de mediana edad, y otra que rondará la treintena como yo, año arriba o año abajo. Me dan unos formularios de consentimiento para las ecografías. Empiezan a rellenar la base de datos (me mencionan algunos antecedentes familiares descabellados, como problemas cardiacos de mis progenitores, que no tengo ni idea de a quien se le ocurrió colocar ahí, porque no son ciertos).

Y aquí hago un inciso. Con 14 años sufrí trastornos alimentarios (¿esto no debería incluirse en el expediente sanitario?) que me afectaron no solo a mi salud física sino que también a mi autoestima y a la percepción que tenía de mí misma y de mi entonro, me ha costado muchos años y mucha relativización quererme y cuidarme. Cuando me quedé embarazada esta última vez, fue casi una sorpresa y lo primero que pensé fue en los kilos que me sobran por salud, y para no afectar a mi bebé. Actualmente sigo una alimentación muy variada, muy casera y sana, especialmente desde que a mi hijo le diagnosticaron APL (Alergia a la Proteína de la Leche de Vaca) con una reacción poco común, al poco de nacer. Me he convertido en casi una experta en lectura de etiquetados. Además, en estos tres meses he bajado casi cinco kilos progresivamente; en breve empezaré clases de Pilates para embarazadas. Por último, en la última analítica de hace menos de dos semanas, mis resultados son de manual, como viene siendo habitual.

Retomo pues. Toca pesarse, veo que desde el lunes pasado que me pesé, he bajado otro kilo y medio. Y la matrona de mediana edad empieza a soltarme la reprimenda de que me sobran kilos. Le respondo que soy consciente, de hecho estoy bajando peso, ella intenta seguir sin escucharme y le corto diciéndole que he tenido un trastorno alimentario, soy sensible al tema. No me apetecía callarme, ya no, han sido demasiados insultos a lo largo de estos años. Su cara de asco ha sido para enmarcarla.

Sigue la cita con preguntas relativas a anteriores embarazos y parto. Sufrí un aborto espontáneo de 10 semanas, con legrado en 2014. Volví a quedarme embarazada y dí a luz en 2015: tengo problemas de asma y en la recta final del embarazo acabé en urgencias (supongo eso si debe constar en mi expediente sanitario), con una bomba de oxígeno porque casi no lo cuento en las tres ocasiones que sufrí apnea del sueño, dos de ellas seguidas. Y para no ahondar demasiado, mi hijo acabo hospitalizado con 40 días (la cuarentena me la guardo para mí, es otro capítulo aparte de como la ineptitud médica puede llegar a joderte literalmente la vida. Ojo, que de los especialistas que han tratado a mi hijo en estos dos años, solo tengo palabras de agradecimiento, no solo por su profesionalidad, sino también por su trato y cercanía),  por culpa de un virus que seguramente pilló de alguien en el paritorio (pero que no se puede probar), le siguieron dos meses de hospitalización intermitente con UCI incluida. Cuando estamos viendo la luz, le diagnostican una enfermedad crónica: AIJ (Artritis Idiopática Juvenil), y dos intervenciones en la rodilla derecha, con un tratamiento semanal que es como una dosis a pequeña escala de quimio en casa. Por recomendación médica, no podemos llevarlo a la guardería. Y doy gracias de que a pesar de todo, sus diagnósticos son medianamente llevaderos si se comparan con otras enfermedades, algunas mortales y/o incurables. Mi hijo tiene poco más de dos años. Dicho lo de la alergia y la Artritis, me pregunta que es eso y lo confunden con otra enfermedad… Yo con mucha paciencia les explico. Y sigue la siguiente conversación:

-          Matrona 1: Uy, qué pena que no se relacione con otras niños – así, sin preguntar, cuando mi hijo se relaciona mejor que muchos adultos y va todos los días al parque e interactúa con muchos niños de su edad, algunos en situaciones similares.

-          Yo: Es por recomendación médica. Las defensas le bajan, y si tiene periodos febriles, no se le puede suministrar la inyección. El resultado es que un tratamiento de aproximadamente un año, se puede alargar dos. – con mucha paciencia y educación y flipando por la ignorancia tan atrevida de estas señoras.

-          Matrona 2: Pero tienes que tener cuidado, le estas privando de relacionarse con otros niños -¿en serio?, ¿tú eres gilipollas o naciste así? En ese momento, mi ojo bizco debe de estar echando chispas.

-          Matrona 1: Bueno, claro, lo habrás sopesado, que te compensa más… -definitivamente, si los tontos volaran, no veríamos el cielo.

Punto uno. Mi hijo no está en casa porque yo quiera, tiene sobradas razones de tipo médico para no ir a la guardería. Y el tema abuelos está descartados, los cuatro viven en ciudades diferentes y trabajan. Punto dos. No eres nadie para opinar al respecto, cuando la educación obligatoria en este país, no está establecida hasta los seis años de edad. Punto tres. Si no sabes, pregunta o al menos escucha. El que mi hijo se quede en casa, conlleva otras consecuencias invisibles para la sociedad: YO NO PUEDO TRABAJAR FUERA DE MI HOGAR. Dos entrevistas de trabajo en este tiempo, en ambas me contrataban con alta inmediata y relativas buenas expectativas. No pude aceptarlos, porque el sueldo no me daba para pagar a alguien que cuidara de mi hijo y además, tuviera que ir a todos los controles médicos en el hospital que casi cada mes hay que realizarle. Esa impotencia, esa bilis y esas lágrimas, solo las viví y vivo yo.
La consulta prosigue.

-          Matrona 2. Te vamos a decir ahora una serie de recomendaciones alimentarias –sobra decir, que en toda la conversación anterior, se salpicaron comentarios relativos a mi peso, a comer sano y a hacer ejercicios…-.  Nada de cafeína, jamón ni siquiera congelado, y bla, bla, bla.

Mi marido tiene un posgrado de nutrición, su padre es catedrático de fisiología y además de su labor científica, hace un gran trabajo divulgativo en medios periodísticos y especializados en temas nutricionales, tanto a nivel estatal como internacional. Y yo no seré experta, pero como dije, algo sé de estos años conviviendo con la alergia en casa. Tenemos amigos y familiares médicos en diversas especialidades, que después de todo lo anterior, se pongan a hacerme recomendaciones dudosas… Por solo poner dos ejemplos: una taza al día de café, no afecta negativamente al feto, y el jamón congelado al menos 24-48 horas e incluso de una curación mayor de 21 meses es posible comerlo en el embarazo. No lo digo yo, hay estudios médicos serios al respecto. Con respecto a esto último, lo seguí a rajatabla en mis anteriores embarazos, y sigo teniendo la toxoplasmosis negativa en mis analíticas.

Después de opinar de mi vida, del enésimo ataque gordofóbico y de las estupideces varias que he tenido que aguantar, pienso en esa frase tan cierta de que somos las mujeres nuestras peores enemigas. Hace tres o cuatro años hubiera aguantado el chaparrón, pero ya no más. No voy dando lecciones a nadie, no pido que me las den. 

Conclusión: me he llevado la canastilla a casa (cada día más llena de papeles publicitarios que de cosas útiles). Por supuesto, la gran verdad de nuestros días es : LA IGNORANCIA ES MUY ATREVIDA. Solo puedo seguir creyendo en el karma y que la vida ponga a cada cual en su sitio, así como sus opiniones, esas que no han sido solicitadas.

Hoy más que nunca:

Autora: Paula Bonet. Fuente: lasmujeresdellibroparamos.


E. Capel

martes, 6 de febrero de 2018

A todas las personas tóxicas pasadas, presentes y futuras de mi vida: GRACIAS


Esto es lo que tiene un blog personal, que a veces al escribiente le da el punto y necesita desahogarse libremente (en realidad, es la esencia misma de un espacio de estas características). Consta decir que lo que aquí aparece es fruto de la experiencia empírica de casi treinta y cuatro años, que para nada sustituye el criterio de un experto sobre personas tóxicas. Además, hay mil artículos en la red donde deleitaros buscando o clasificando a estos seres tóxicos, como la maravillosa web de Weloversize; o terapeutas como Lorena Fuentes, especializada en terapia breve, a la que tengo la gran suerte de conocer en persona, y con la que he podido intercambiar en ocasiones impresiones sobre este tipo de individuos. Ella sabe como nadie darle el enfoque profesional al asunto, sin perder el humano. Podéis encontrarla en su web: http://www.lorenafuentes.es/. También recomiendo leer un libro maravilloso de la gran escritora española Espido Freire, "Los malos del cuento. Como sobrevivir entre personas tóxicas".

"Los malos del cuento. Como sobrevivir entre personas tóxicas" de Espido Freire. Se puede encontrar aquí.


Perdonad de antemano, el uso excesivo de gifs o imágenes en movimiento, pero el tema se prestaba mucho a ello, y ha sido la parte más divertida a la hora de editar la entrada.

A lo largo de la vida de una persona promedio suelen existir al menos cinco o seis especímenes tóxicos, quizá más, casi nunca menos. Otra cosa es que le demos la importancia que no se merecen o tardemos en detectarlos. Ojo, si al leer esto te sientes ofendido siquiera una mínima parte, haztelo mirar, quizá el tóxico seas tú. La autocrítica en su justa medida, es sana y necesaria. Siempre.

En mi caso enumeraré los más destacados, a lo sumo cinco, respetando escrupulosamente su anonimato, que no su estupidez.

La primera persona tóxica en esta clasificación improvisada puede englobarse dentro del grupo de personas en el que creciste. Ese tipo de amistad que crees irrompible, siendo el tiempo y la distancia los que os lleven por caminos e intereses distintos. A priori, nada extraño o nocivo, es natural, pensarás. Pero si con los años ves una serie de señales que se repiten en bucle, HUYE: falta evidente de empatía (si te han cortado un brazo, la uña que se le acaba de romper es mucho peor, ¿qué te habrás creído?); intento repetido de boicotear eventos importantes que atañen a tu persona (bodas, despedidas, cumpleaños, fiestas de guardar, etc.); solo te llaman cuando estás en tus horas más bajas para deleitarse y nutrirse de tu miseria; si os véis u os llamáis, vaciará toda su mierda de vida sin darte oportunidad de réplica, por supuesto ni te preguntará como sana tu brazo, esa persona siempre, siempre, siempre, estará peor que tú, y no tienes derecho, ni espacio para decir nada al respecto; critican a todo el mundo y odian muy fuerte (con lo cual te hace sospechar que hará lo mismo sobre tu persona cuando esté con otros); te menosprecia e intenta minar tu autoestima tomándote por idiota; con el tiempo tienen una tendencia algo nociva a copiar ciertos comportamientos tuyos e incluso pueden llegar a copiar tu perfil profesional. Al principio será sutil y no lo creeras, luego aunque tu lleves años dedicando tiempo y esfuerzo a un área específica, esa persona en un mes es mucho más experto que tú y te dará lecciones; cambios de opinión radicales y de un día para otro, nunca sabrás con qué pie se ha levantado ese día. Se harán las víctimas y siempre tendrán su propia versión de los hechos (siempre a su favor, por supuesto). A lo largo de los años y las conversaciones, te darás cuenta de que su vida es pura contradicción, un drama continuo y que solo existe una verdad: su verdad. Lo peor de esta tipología es que cuesta detectarlos, suelen pasar años antes de ponerles punto y final. Pero es de manual. HUYEEEEE.

Fuente: lainformacion.com.

La segunda sería en el plano sentimental. Una de tus parejas, que por supuesto se llevará mal con la primera. A las personas tóxicas no les gusta compartir al tonto de turno. El maltrato psicológico es su especialidad, sobre todo, haciendo ver que tu eres inferior y que cualquier cosa que quieras hacer, esa persona siempre se asegurará de hacerlo o dejar patente que lo puede hacer mil veces mejor que tú. A este tipo de especímen le encanta dar lecciones, de todo. Es una subcategoría de cuñado gilipollas. Se nutre de tu autoestima y de tu dependencia emocional. Realmente no saben amar a otra persona que no sean ellos mismos. Como el primer individuo, ocultan su mediocridad con mucha palabrería vacía de contenido. Si escarbas un poquito, realmente son unos tristes.

En tercer lugar, tenemos al enamorado de instituto que como ve que no va tener nada contigo, intenta ser tu amigo por la vía de la pena y las mentiras. Muy patético todo. Te absorben la energía a corto plazo, son como una agujero negro, muy negativos y son más fáciles de cortar, porque en una de sus mentiras los mandas a la mierda con todas las de la ley y a otra cosa. El problema es que hasta que esto sucede, intentan crear un sentimiento de culpabilidad bestial en ti, para que no los “abandones”.

Fuente: gfycat.

El siguiente puesto, es otra persona con la que te has criado, normalmente dentro de tu círculo familiar. Te da una de cal y otra de arena, y como sois familia, juegan con esa baza a su favor, para acoplarse a tu casa, a tu bolsillo… a lo que vean que puedan sacar provecho. Solo se acercaran a ti si creen que pueden sacar un beneficio evidente y a corto o medio plazo. Su vida suele ser bastante parasitaria y llena de muchas mierdas, pero se las arreglarán para hacer ver que su vida es plena y sana. Las apariencias lo son todo para estos individuos. Comúnmente, se les conoce como “chupópteros”. Lo bueno de esta tipología es que si ven que no pueden aprovecharse de tí, no te tocarán ni con un palo.

Fuente: santiagoash en Tumblr.

Y por último, el compañero de clase o de trabajo que solo te habla cuando quiere algo relacionado con el área que compartís, es una variante del anterior, pero sin consanguinidad. Tiene varias caras en función de con quien se relacione y qué es lo que quiera conseguir. Si ve que sus propósitos no los puede conseguir de ti, ni te saludará. Pero a estas alturas de vida, te la “pelará” y hasta lo agradecerás, porque has desarrollado una animadversión hasta física cada vez que lo tienes cerca.  
Obviamente hay casos peores y listas mejor elaboradas que esta que me he hecho en mi casa a la hora del café, pero te hablo desde la experiencia. A pesar de que el remedio contra estos seres es complejo y casuístico, y de que no hay fórmulas mágIcas, si existen algunas pautas comunes que puedes aplicar a todos ellos. Deja de prestarles atención, muéstrate seguro de ti mismo, no les cuentes nada íntimo y comprometedor, no les hagas partícipes ni de lo bueno ni de lo malo que te suceda en tu vida. Y cuando puedas, bloquea su número y las redes sociales si es necesario. Si hay consanguinidad o esa persona cuesta quitársela de encima, porque obviamente después de tantos años, se creen con derecho a poseerte a su antojo, mi consejo es que lo hagas en silencio y despacio, llegará el día en que se conviertan en un borrón en tu vida. En definitiva, aléjate.

Fuente: giphy.

Pero recuerda, que gracias a estas personas, eres lo que eres ahora. Solo queda lo más importante: no volver a dejar entrar a alguien así en tu vida, y eso solo se consigue detectándolas a tiempo. Es una obviedad, pero la experiencia es un grado. En general, suelen quejarse por todo sin intención de querer avanzar, son negativos, envidiosos y celosos, solo hablan de sus problemas y de sí mismos, la crítica destructiva es una constante en su día a día, y suelen crearte dependencia emocional, porque de eso se nutren. Siempre manipularán la realidad a su imagen y semejanza. 

Fuente: thecuriouscaseofcarly.

Grabaros esto: la gente que te quiere, te quiere BIEN. Se alegra de tus logros, te apoya incondicionalmente incluso en tus peores momentos, y sobre todo, te quiere tal cual. Sabe tus defectos y tus virtudes, pero te tratan de igual a igual. No hay más, así de sencillo, así de difícil. Estos es como la edad y los defectos (físicos y de personalidad), con el tiempo le sacas el punto y empiezas a encontrar el equilibrio en tus relaciones interpersonales.

Fuente: Pinterest.



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