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lunes, 6 de marzo de 2017

Descubriendo el Albayzín. Leyendas y rincones. XIII. La casa de los Telarones o los Telares.

      La leyenda de la casa de los Telarones o los Telares ubicada en la calle San Gregorio el Alto se remonta a finales del siglo XVIII. Seguid leyendo esta decimotercera entrega de Descubriendo el Albayzín y comprenderéis que en realidad no es del todo una leyenda como se cree.

     Las gentes y vecinos del barrio creían que en aquella casa moraban trabajadores invisibles que hacían funcionar grandes telares en las oscuras noches granadinas, produciendo unas cintas preciosas que se hicieron famosas en toda la ciudad por su delicadeza y calidad. 

     Eran tales las habladurías sobre los espíritus que moraban en aquella casa, que los representantes de la justicia decidieron entrar en la vivienda para desmentir tales bulos. Su sorpresa fue mayúscula cuando se la encontraron deshabitada y sin signos de producción que delataran o dieran explicación a los ruidos nocturnos, que siguieron persistiendo. Esto hizo que los rumores aumentaran entre la población.

     Fue entonces cuando se presentó ante el alcalde del crimen, que vivía en la calle de Elvira, un pobre trabajador llegado hacía un año con sus tres hijos a Granada, y explicó la verdad detrás del misterio.

     Había alquilado una mísera habitación cercana a la llamada Casa de los Telarones, que se encontraba deshabitada y había seguido así mucho tiempo gracias a los persistentes rumores de los espíritus nocturnos. Gracias a un pasadizo que comunicaba al  gran sótano de la Casa, tejía de noche las hermosas cintas que más tarde vendía a los comerciantes de la Alcaicería. Gracias a esto, había podido hacerse con algunos ahorros.

      El alcalde del crimen se mostró benévolo con el artesano que había perfeccionado los telares granadinos y había conseguido fabricar citan tan refinadas. Lo amonestó e hizo publicar lo sucedido por todo el Albaicín, para despejar cualquier duda o rumor.

     Sin embargo, nadie creyó la versión oficial, y se siguió pensando en la Casa de los Telarones como una mansión poblada por espíritus demoníacos, motivo por el cual, los habitantes del barrio hacían de noche la señal de la cruz al pasar por su puerta.


Aljibe de Paso en la calle San Gregorio Alto [Fuente: http://legadonazari.blogspot.com.es/]

¡Feliz semana!

E. Capel


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jueves, 23 de febrero de 2017

Descubriendo el Albayzín. Leyendas y rincones. XI. La piedra negra

      Existen muchas leyendas que tienen moraleja, es el caso de esta tan curiosa que os traemos en esta entrega llamada la piedra negra, que tirando de refranero popular, nos ilustra aquello de “la curiosidad mató al gato”. Disfrutad del relato.

      Corría finales del siglo XVII y en el centro  del patio circular de una de las humildes casitas de la placeta de Almez, se encontraba una enorme losa negra que no permitía que sobre ella se posase ningún cuerpo u objeto. En dicho edificio de origen árabe, se escuchaban además extraños ruidos y particulares visiones cada noche. La vivienda estaba habitada entonces por dos pobres mujeres, madre e hija, que debían soportar con estoicismo cada anochecer con miedo y pesar.

      Una de aquellas noches, decidieron ambas descubrir la procedencia de tales misterios. A media noche sus desvelos tuvieron recompensa, pues vieron media docena de enmascarados con velas encendidas, bailando alrededor de la misteriosa piedra negra en el patio. Salió en mitad de dicha danza macabra, un joven con lujosas ropas de debajo de la losa mágica. Una escalera apareció entonces tras él, haciendo ver unas suntuosas habitaciones de estilo oriental. Sospecharon entonces que el joven era un príncipe árabe de enormes riquezas. Pero las visiones cesaron a la una de la madrugada, quedando todo en silencio.

      A la noche siguiente y provistas de una gran vela, las mujeres repitieron conjuros para levantar la piedra negra. La más joven, ambiciosa y anhelando las riquezas que había visto a través de ella, decidió penetrar por la escalera una vez lograron que la losa se elevara, mientras la madre alumbraba. Pero de repente la piedra la encerró en aquel lugar, mientras a la anciana madre el cirio que sostenía la quemó por completo.

      A partir de entonces, se decía que bajo la misma losa se escuchaban amortiguados los quejidos lastimosos de la joven.

      Sin embargo, el tiempo pasó, la casa fue derribada y se sospecha que la piedra fue trasladada a un huerto cercano donde perdió el interés y su magia.

Placeta del Almez. Autor fotografía: Rafael E. Morales (http://albayzin.info/)


¡Feliz semana!


E. Capel

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martes, 31 de enero de 2017

Descubriendo el Albayzín. Leyendas y rincones. X. La Casa de la Columna.

      Retomamos la sección en su décima entrega con una preciosa leyenda de amor y esperanza: La Casa de la Columna.

      Hacía ya dos años que Boabdil había abandonado Granada en 1493. Con él marcharon al exilio en África los más leales a su persona, quedando sin embargo, algunas gentes que prefirieron quedarse en su antigua tierra.

       La leyenda cuenta que Audallah, perteneciente a la tribu de los Gomérez, acompañó a su rey dejando en Granada a su gran amor Leila, quien no podía dejar la ciudad puesto que su padre estaba anciano y no sobreviviría a un viaje tan penoso. Él le dijo antes de partir que no perdiera la esperanza de volver a encontrarse. La separación fue larga y dolorosa, y mientras él marchaba con su rey, ella vertía lágrimas desconsoladas apoyada en un gran ajimez [1] de mármol blanco.
   

Ventana con arabescos en el mirador de Lindaraja, dentro del palacio de los Leones. La Alhambra. Autor: Javier Carro [Wikimedia]

       Pasó un año entero de triste separación en el cual, la joven Leila pasaba las horas apoyada en el ajimez con melancolía. Un día reparó en que sobre dicha ventana partida por una columna, había anidado una pareja de golondrinas y que una de aquellas aves tenía una cinta alrededor del cuello. En dicha cinta había una inscripción que decía: “La ausencia mata, pero siempre aguardo”. Su dicha fue inmensa y esperó al otoño, época de migración de estas aves, para colocar al cuello otra cinta con estas palabras: “Esperar es vivir”. Esperaba con ello que el mensaje llegara hasta su amor en tierras africanas.
  
       Sin embargo, llegó la primavera y volvieron las golondrinas sin mensaje alguno. La joven doncella enfermó de tristeza. Así pasaban los días hasta que Audallah harto de la distancia y la añoranza por su bella Leila y la ciudad de sus ancestros, volvió para hacerla su esposa. 

       Más tarde, se dice que para poder vivir en la ciudad debieron convertirse al cristianismo, pero sea lo que fuere, se casaron finalmente.

       Se comenta también que desde entonces la Casa de la Columna, que se ubica junto al convento de Santa Isabel, es el hogar favorito de las golondrinas y su precioso ajimez, que aún hoy se conserva.

La Casa de la Columna. Autor: www.leyendasdecastillos.com.


[1] Ventana arqueada, dividida en el centro por una columna (RAE).


¡Feliz semana!

E. Capel.
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martes, 24 de enero de 2017

Descubriendo el Albayzín. Leyendas y rincones. IX. El estanque encantado.

     Esta semana retomamos la sección Descubriendo el Albayzín, con una leyenda que data de la entonces reciente conquista de Granada por parte de los cristianos, a finales del siglo XV. Se titula: El estanque encantado.

     En aquella época, fueron diversas las expropiaciones y posteriores repartos de bienes muebles e inmuebles tras la expulsión y relevo en el poder de los árabes. Entre los cristianos que entonces fueron premiados con propiedades, se encontraba un escudero llamado Martín Lozano, servidor del que sería el último maestre de la Orden de Santiago, Alonso de Cárdenas. Dicho escudero vivía en una estrecha callejuela cercana a Plaza Larga, junto a su hija María y una tía llamada Marcela. Cerca de la vivienda, se hallaba deshabitado un antiguo palacio árabe que había pertenecido a un tal Aben Munuza.

Cuesta de la Alhacaba. Autor: Claudio Landi [Wikimedia]

     Una noche, la hija de Martín Lozano se asomó a la pequeña ventana que había en su alcoba y que daba al jardín del palacio deshabitado. Lo que vió la maravilló: un jardín repleto de vida con un estanque de agua cristalina, y en el mismo, un joven y apuesto hombre. Nerviosa ante tal visión, cerró la ventana e intentó conciliar el sueño sin conseguirlo. Al despuntar el alba, quiso comprobar de nuevo si lo que había visto la noche anterior era fruto de una ensoñación o se trataba de algo real. Descubrió algo bien distinto a lo presenciado la noche anterior: un jardín abandonado e inhóspito, y una alberca sucia y cenagosa.

      Al caer el día, volvió a abrir el ventanuco y volvió a maravillarse de nuevo con otra visión bucólica del jardín. En esta ocasión, el mozo se le acercó y empezó a cortejarla, ofreciéndole todas sus riquezas a cambio de su cariño y afecto. Sin embargo, María era una cristiana devota que no podía mantener relación alguna con el infiel, por lo que con pudor rehusó sus atenciones y se retiró de la ventana. Pero a la noche siguiente la tentación pudo más y nuevamente abrió su ventanilla, siendo los encuentros frecuentes a partir de ese momento.

      Empezaron entonces a correr rumores por el Albaicín de que se oían extraños ruidos en la Casa del Moro, como la nombraban en el barrio, por lo que su padre Martín decidió vigilar para averiguar que pasaba, pero solo encontró a su hija durmiendo en la cama. Por lo que tanto el padre como la tía, llegaron a la conclusión de que todo era obra de los espíritus.

      Un día, el escudero quiso casar a su hija María con un conocido del barrio. Ella temerosa de perder a su amante nocturno, le explicó a este los planes casaderos que le tenían preparados. El joven la tranquilizó diciendo que se encargaría de que dichos planes no llegaran a buen puerto. Pero los días corrieron, y la noche anterior al día fijado para la boda, tuvo lugar una celebración previa en casa del escudero. Entonces se produjo un fuerte movimiento sísmico que hizo que se derrumbara parte del palacio, quedando al descubierto el jardín misterioso con su prístino estanque y un guerrero de reluciente armadura. Una fuerza misteriosa atrajo a María hasta el palacio, su padre Martín y su tía, y nunca más se supo de ellos. Al día siguiente, tanto la casa del escudero como el palacio del árabe estaban derruidos por completo. La alberca quedó igualmente destruida y solo se mantuvieron en pie unos pocos vestigios de su antigua presencia. Desde entonces se le llamó el Estanque encantado.

     Se cuenta que el pobre novio sintiéndose burlado, ingresó en una orden religiosa para consagrar su vida a Dios.

     También se rumorea, que tanto los amantes como el padre y la tía, salieron por un camino subterráneo debajo de dicho estanque, marchando a las Alpujarras.


Plaza Larga. Autor: Jeny [Wikipedia].

¡Feliz semana!

E. Capel

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